El día que Seúl voló sus propios puentes

El amanecer del 28 de junio de 1950 encontró a Seúl al borde del colapso. Las tropas del Ejército Popular de Corea ya entraban en los suburbios septentrionales de la capital, apenas setenta y dos horas después de cruzar el paralelo 38. Sobre el río Han se acumulaban miles de soldados del Ejército de la República de Corea y civiles aterrorizados que huían hacia el sur. En cuestión de horas, una decisión tomada bajo el pánico convertiría los puentes del río en una trampa mortal.

La orden de demolición

Para entonces, la invasión norcoreana había avanzado sin encontrar una resistencia efectiva. El presidente Syngman Rhee había emitido un mensaje por radio instando a los ciudadanos de Seúl y al ejército a mantenerse firmes y defender la capital, pero ya había dispuesto la evacuación del gobierno hacia Taejon, más al sur. Mientras las unidades del ROKA se derrumbaban y las líneas de comunicación se cortaban, los ingenieros militares recibieron instrucciones de volar los principales puentes ferroviarios y de carretera que cruzaban el Han. El objetivo era negar al enemigo un paso rápido hacia la parte sur de la ciudad. La decisión, según los relatos de aquellos días, se tomó en pánico y con una coordinación deficiente entre las distintas unidades. Muchos de los oficiales estaban de permiso o separados de sus hombres, y la cadena de mando empezaba a deshilacharse mientras las divisiones eran sobrepasadas o forzadas a retirarse en desorden.

Las explosiones sobre el Han

En las primeras horas de la mañana del 28 de junio, con el enemigo ya en los accesos norteños de Seúl, las explosiones estallaron mientras miles de personas aún estaban sobre los puentes o intentaban cruzarlos. Soldados del ROKA, familias enteras y refugiados con sus pocas pertenencias quedaron atrapados en las estructuras cuando estas se derrumbaron. No había forma de saber cuántos estaban exactamente en los puentes en ese momento, pero la cifra de muertos se describe como horripilante: cientos, quizás miles, de soldados y civiles perecieron en el instante o cayeron a las aguas del río. Una parte considerable de las fuerzas restantes del ROKA y gran parte de su equipo pesado quedaron aisladas al norte del Han, sellando su destino o condenándolas a una resistencia dispersa y desesperada.

Los que lograban cruzar a nado o en botes improvisados lo hacían dejando atrás armas y pertrechos. El pánico se extendió por las carreteras que salían de la capital, donde vehículos militares y columnas de civiles competían por el mismo espacio. Muchos de los que habían quedado al norte del río nunca volverían a ver a sus familias. Los refugios de tirador y los búnkeres construidos apresuradamente que los defensores habían empezado a levantar quedaron ahora inútiles, pues el enemigo ya estaba al otro lado. Las bajas en ambos bandos fueron elevadas, aunque no existen cifras precisas sobre cuántos murieron exactamente en los puentes esa mañana.

El cruce enemigo y la caída de Seúl

La demolición apenas retrasó al invasor. Las tropas norcoreanas encontraron rápidamente puntos de cruce alternativos, utilizando ferris y construyendo puentes de pontones sobre el Han. Para la tarde del 28 de junio, apenas tres días después del inicio de la invasión, los tanques del Ejército Popular de Corea, suministrados por la Unión Soviética, rodaban por las calles de Seúl. La capital, hogar de más de un millón y medio de habitantes, había caído. El gobierno surcoreano ya había partido, y la ciudad quedó bajo el control de las unidades norcoreanas, que comenzaron a instalar Comités Populares y a detener a exfuncionarios, policías e intelectuales. Algunos de los capturados fueron ejecutados sumariamente, mientras otros eran reclutados a la fuerza para batallones de trabajo o incluso para el propio ejército invasor.

Para los ciudadanos de Seúl, la llegada del Ejército Popular de Corea trajo una mezcla de miedo, incertidumbre y, para algunos que se sentían alienados por el régimen de Rhee o que albergaban simpatías izquierdistas, una bienvenida cautelosa. Los prisioneros políticos detenidos por el gobierno surcoreano fueron liberados de las cárceles de la ciudad por los norcoreanos que avanzaban. Las unidades de propaganda del EPC se movieron rápido para establecer el control, empapelando Seúl con carteles de Kim Il-sung y transmitiendo mensajes de liberación.

Las columnas de refugiados

Mientras los tanques cruzaban el río, las carreteras que salían de Seúl se llenaron de una marea de humanidad. Vehículos militares, a menudo sobrecargados de soldados, competían por el espacio con decenas de miles de civiles que huían del avance enemigo. Estos caminaban hacia el sur sin saber su destino, llevando lo poco que podían salvar de sus hogares. Algunos fueron atacados desde el aire por aviones norcoreanos, según los testimonios de aquellos días. La visión de estas columnas, detenidas ahora por un río sin puente, se convirtió en una de las imágenes duraderas de la fase inicial de la guerra. La crisis humanitaria fue inmediata y abrumadora, con poca ayuda organizada disponible en esos primeros días caóticos.

El costo humano y la memoria

El episodio no detuvo la caída de Seúl, pero dejó una marca indeleble en los primeros días de la guerra. Reveló la impreparación del Ejército surcoreano, la falta de coordinación entre sus mandos y el costo inmediato que paga la población civil cuando las decisiones militares se toman bajo el pánico. Los puentes del Han no se reconstruyeron de inmediato, y la imagen de las columnas de refugiados atrapados en las estructuras en derrumbe se convirtió en uno de los símbolos más trágicos y olvidados del comienzo del conflicto. Seúl volvería a cambiar de manos antes de que la guerra entrara en su largo estancamiento, pero aquel amanecer sobre el Han siguió siendo un recordatorio de cómo una línea de retirada puede convertirse, en cuestión de minutos, en una sentencia de muerte para quienes intentan cruzarla. El episodio también mostró que una barrera natural, por ancha que fuera, no podía detener por sí sola a un ejército decidido a cruzar.

Este es solo un episodio de una historia mucho más larga. Para el relato completo de la guerra de Corea, lee “La guerra coreana” por James Everley en MixCache.com.

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