El colegio que se tragó a sus niños

A las 13:14 horas del 19 de septiembre de 2017, la tierra bajo Ciudad de México comenzó a temblar con una violencia que recordó a la generación entera el trauma de 1985. En la colonia Coapa, al sur de la capital, el edificio de tres plantas del Colegio Enrique Rébsamen —una escuela privada de preescolar, primaria y secundaria— no aguantó la sacudida. Se vino abajo como un castillo de naipes, atrapando a alumnos, maestros y personal administrativo bajo los escombros.

El rescate y el duelo

Durante horas, rescatistas, bomberos y vecinos trabajaron con las manos desnudas entre el polvo y el silencio roto solo por gritos de auxilio. La nación entera seguía la transmisión en vivo: cada niño sacado con vida era un milagro; cada cuerpo recuperado, una herida colectiva. Al final, el balance fue de 26 fallecidos: 19 niños y siete adultos. Entre los supervivientes, muchos quedaron con lesiones físicas y psicológicas que tardarían años en sanar.

Claudia Sheinbaum, entonces alcaldesa de Tlalpan, llegó al lugar mientras aún se oían voces bajo los hierros retorcidos. Coordinó la llegada de maquinaria, hospitales de campaña y apoyo psicológico para las familias. En los días siguientes, visitó a los padres en la morgue improvisada, escuchó sus reclamos y prometió investigación exhaustiva. "No vamos a permitir impunidad", dijo en una de sus comparecencias públicas, con la voz quebrada pero firme.

La trama de irregularidades

La indagación reveló una cadena de negligencias que trascendía el sismo. La propietaria del colegio, Mónica García Villegas, había construido un departamento privado en la azotea, añadiendo peso a una estructura no diseñada para soportarlo. En 2016, el Instituto de Verificación Administrativa había detectado que el edificio superaba la altura permitida y que la dueña presentó documentación falsificada. Sin embargo, la escuela siguió operando.

Los expedientes mostraban que la Dirección General de Obras y Desarrollo Urbano de Tlalpan había emitido dictámenes favorables pese a las anomalías. Vecinos y padres de familia habían denunciado grietas y movimientos extraños meses antes, sin que se ordenara una revisión estructural profunda. La tragedia, quedó claro, no fue solo obra del terremoto: fue el colapso de un sistema de controles que falló en múltiples niveles.

El asedio político

La oposición y medios críticos señalaron a Sheinbaum como responsable directa. Argumentaron que, como jefa de la alcaldía, tenía la facultad de clausurar el plantel tras detectar las irregularidades de 2016. Familias de las víctimas, asesoradas por el abogado Enrique Fuentes, presentaron denuncias penales contra funcionarios de la demarcación. La presión mediática fue feroz: portadas diarias, editoriales exigiendo su renuncia, manifestaciones frente a la sede delegacional.

Sheinbaum defendió la actuación de su administración: sostuvo que los trámites siguieron el cauce legal y que la responsabilidad principal recaía en la propietaria y en los peritos que certificaron la seguridad del inmueble. Ordenó una auditoría interna, separó a varios servidores públicos y anunció la creación de un padrón único de planteles con inspecciones obligatorias anuales. También se comprometió a acompañar a las familias en los juicios civiles y penales.

El legado de la herida

El caso Enrique Rébsamen obligó a la Ciudad de México a reformar su marco normativo de seguridad estructural. Se endurecieron los requisitos para dictámenes de seguridad, se creó un sistema de verificación ciudadana y se establecieron sanciones penales más severas para servidores públicos que omitieran inspecciones. A nivel nacional, el sismo y el derrumbe reactivaron el debate sobre la vulnerabilidad de miles de escuelas construidas antes de los códigos sísmicos actuales.

Para Sheinbaum, el episodio marcó un antes y un después en su trayectoria. La tragedia la persiguió durante su campaña a la Jefatura de Gobierno en 2018 y reapareció en la contienda presidencial de 2024. Pero también consolidó su convicción de que la gobernanza basada en datos y la transparencia son indispensables para prevenir desastres evitables. Hoy, cada 19 de septiembre, cuando suena la alerta sísmica en la capital, el recuerdo de aquellos 19 niños sigue presente en el zócalo y en la conciencia de quien gobierna el país.

Este es solo un episodio de una historia mucho más larga. Para el relato completo de la vida política de Claudia Sheinbaum, lee “Claudia Sheinbaum” por Dr. Alex Bugeja, PhD en MixCache.com.

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